lunes, 13 de marzo de 2023

Mi ex me pateó

 Hoy, domingo 24 de octubre del 2021, me fui de la casa de Francisco, una vez más.

Al poco despertar y conversar, me comentó que cree que nuestra relación está agotada, “ñoncha”, que no sabe cómo revivirla y que quizá la terapia es la forma.


Comentó que aún no es del todo transparente, porque hay matices de transparencia. Le pregunté en qué no había sido del todo transparente, volvió a los matices y le dije que para mí la transparencia es una, es el vidrio, no el velo. 


Dejó de hablar, me dijo “eres desagradable”, y luego prosiguió con que él no me pregunta por que yo soy tan ahueoná. Le dije, una vez más en más de un año y medio de relación, que no toleraría esas faltas de respeto y que a la siguiente me iría. Y se puso a repetir “ahueoná” por al menos cuatro veces. Me levanté, tomé mis cosas, lavé mis dientes y pedí mi Uber. No me dejó esperarlo en su departamento, me echó diciendo que lo esperara abajo, que le devolviera la llave que una semana atrás él  mismo puso en mi llavero, sin que yo se la pidiera, y que me diera por soltera. Pero que no terminamos porque él me dijera esas cosas. No dijo porque sí, pero asumo que es porque “no lo escucho” y porque “soy desagradable!.


Esa respuesta fue ante un “me estoy yendo porque no voy a tolerar que me trates de esa forma, no estoy terminando”. Él sí terminó y me lo dijo. Me echó, una vez más.


Me vine tranquila en el Uber, muy consciente de que no debía tolerar ese tipo de violencia, ni siquiera en sus palabras, que es recurrente una vez al mes, por lo bajo. En el camino me pregunté si era yo la que estaba errando en algo, si estaba mal al haberme ido. Concluí que no, que no debo tolerar esas palabras, esa violencia y prepotencia, esa tozudez ni que me digan que yo estoy mal o soy desagradable o que no lo escucho, por el simple hecho de plantear un punto de vista diferente.


Hasta ahora me siento entera, pero ya revisé si me bloqueó de RRSS. Sé que quizá más tarde o mañana sienta mucha pena, pero prefiero esa pena, que igual creo puede no ser tanta, porque soy cada día más consciente de cosas que no puedo dejar pasar, y que al final, la relación no tiene tan buen puerto.


Lo hemos intentado un montón y lo agradezco. Sí creo que hemos siendo valientes, jugados y esforzados, pero también creo que no tenemos los mismos valores como personas; yo priorizo el respeto y la honestidad, él ni siquiera la hace carne, hace un mes me pateó porque no quería decirle a una persona que lo joteaba que yo era su polola. Me trata de aheuoná. No hay honestidad, tampoco respeto.


Todo lo de hoy partió porque hablamos de compatibilidades y ciertamente, acá no hay muchas. Ambos lo sabemos e intentamos compartir con el otro, pero yo no pasaría el resto de mi vida durmiendo o acostada mirando el techo. Él por su parte, hoy terminó conmigo y no fue a dar una vuelta conmigo, ni un paseo que no fuese el del perro en la noche, para que haga pipí.


Ayer me comentó que al hablar con su mamá hace días, le dijo que iría conmigo, que yo estaría ahí y que ella se puso feliz, así que yo tenía que ir. Que viéramos la fecha, pero él viajaría este finde largo. Yo tengo el festival por el cual he trabajado todo el año. Ni siquiera lo vería, y yo por mi parte tendría que dejar de ver el festival 3 días. De todos modos accedí.

Hace días había hablado con su mamá el tema del viaje y que yo iría, pero no me lo dijo a mí… y eso que le pregunté. 


Hace años, arriba en el cerro y hablándole a mi mamá, le pedí a alguien que se quedara de verdad, alguien que realmente quisiera estar y en algún momento creí que sí era Francisco. En especial cuando decidió tomar terapia de parejas. Hoy creo que quedarse sin objetivos, confianza ni respeto no puede ser. Sin compatibilidad. Una relación vacía, no puede ser. 


Hace años me entusiasmé con la vida en pareja, vivir juntos, y luego se fueron y me quedé con un flyer de “visite departamento piloto”, para luego darme cuenta que todo lo que me prometieron lo cumplieron con alguien más. El año pasado llegó Francisco y me vendió la esperanza de la vida juntos, de pareja y el idilio de armar algo juntos los dos, y aunque siempre supe que podría no resultar, lo intenté, me la jugué, sin saber que era lo que él siempre solía hacer, más por un tema de lucas, que por uno de reales ganas de crecer juntos, y, spoiler,  no resultó. 


Hoy, consciente de que es mejor ir paso a paso, sigo teniendo las ganas de una vida en pareja en la cual crecer juntos, pero una vida donde el compañerismo sea real. Con alguien que me acompañe al cerro los domingos, que me presente a sus amigos y me involucre en su mundo y quiera integrarse de verdad al mío. Uno que no se drogue cada vez que pueda y que busque experiencias nuevas. Un compañero que no me insulte, que me cuide y quiera con respeto, sea honesto, educado, que no me mienta ni me haga sentir mal cuando no sé algo.


Francisco es una gran persona, pero parece, no es la persona para mí.


sábado, 24 de diciembre de 2022

Feliz Navidad

 Hoy es noche buena, navidad, porque son más de las 12. Hace dos años, en esta misma fecha y probablemente hora, estaba destrozada, pasando la que es quizá la peor navidad de mi vida, teniendo tan solo 28 años. Ese año, el 2020, estando con dos personas más en casa y teniendo la peor noche, escribí que preferiría pasar esta fecha sola, tranquila y sin hipocresía ni falsas sonrisas.

Hoy, 2022, por fin me doy esa navidad que hace dos años y quizá toda la vida anhelé. Una navidad sin acompañantes más que el Vandro, sola, pero más tranquila que nunca. 

No vi películas navideñas, no me preocupé de regalos, ni de comprarlos ni de envolverlos. Tampoco de cocinar ni limpiar, de coordinar dónde ir. Me levanté cuando quise, hice lo que quise todo el día y hasta ahora. He visto y comido lo que he querido, por supuesto, el postre ha sido prioridad desde temprano. 

Aunque en el fondo me apena un poco que mis hermanos no hayan querido pasar la navidad conmigo, también en el fondo me deja tranquila y me gusta no tener ese estrés de fin de año. No tener que ver la cara de desagrado de mi cuñado, por el solo hecho de estar ahí, yo. Ni mucho menos tener que estar en casa de su familia, que aunque todo bien, en verdad me carga, por el humo de cigarro, los lejos, la antipatía de su hermano y porque no es mi familia.

También entiendo que mi hermano no haya querido estar conmigo. Hace dos años la peor navidad no fue solo para mí, sino también para él. Lloré y encaré en plena cena a mi pololo de la época, un patán que en plena cena navideña chateaba con la mina que me ponía el gorro. Gorreo virtual, que a los días fue presencial. El enano fue, sin quererlo, parte de esa escena. No lo culpo de querer pasar ahora. Yo haría lo mismo.

Y la verdad, aunque esa navidad fue de mierda  quizá se la arruiné a él, tampoco me culpo y entiendo si no quiere perdonarme ni entenderme. Aprendí a ser compasiva conmigo y, ante esa situación, entiendo bien que yo solo quería tener una relación bonita, y poner límites, solo que fue con la persona menos compatible del universo. Pero yo quería eso, una relación bonita y no me culparé por intentarlo <3.

Ese recuerdo casi borra todas las otras navidades en familia, que casi siempre eran un caos y estrés, intentando tener todo listo y al gusto de otros (otros siempre era mi papá) a la hora y lugar. Cumplir expectativas que no me pertenecían. Mínimo 25 años intentando darle en el gusto a un papá que desde mis 9 años nunca más se comportó como tal. Que me exigía, hasta en navidad, sin darme siquiera un regalo decente. Nunca olvidar los peores regalos: las carteras más feas y pesadas del universo ni la ropa comprada en una feria artesanal o persa en Recoleta o Conchalí. 

En estas fechas extraño a mi mamá, que aunque se estresaba, intentaba hacer siempre lo mejor. Ella ponía la presión para cumplir con mi papá, mi güeli y el estándar terrible de ser buena madre, esposa y dueña de casa, mujer exitosa. Ojalá allá arriba, donde yo sé que está, tenga muy claro que siempre, siempre, siempre, fue la mejor para nosotros y que la amamos, incluso hoy, cada día más.

Son las 0:43 y mis hermanos ni amigos han llamado ni dejado un mensaje. No me extraña, sí me apena un poco, pero tampoco es la gran cosa. Sé bien que mi familia está rota y que quizá no somos una familia, sino seres que comparten sangre o que nacieron de los mismos genes y ya.

De todos modos, pienso en que el 2020 entré a terapia y gran parte de mi proceso ese año fue reconocer que sí tenía red de apoyo, partiendo por ellos y hoy compruebo que en verdad no. En este mundo, me la valgo sola. No sé si está bien, yo creo que es triste e injusto, pero ya está. 

domingo, 3 de mayo de 2020

QUE PAJA

Pandemia coronavirus, COVID19.
Día 45 o más, ya ni sé.

Incluso el contacto virtual es un mal reality. La gente mira raro, habla mucho o sus micrófonos funcionan pésimo. Qué paja el proceso conocer gente. En 3 horas tuve una experiencia de mierda. 
Recordatorio para el futuro:
-NO pesquís a la gente que no está ni ahí contigo, como la Paula
-Los drogadictos son así. Aléjate de sus hábitos de mierda y no le dejes pasar ni una a nadie. Sus drogas ni sus "experiencias" los hacen mejores. Idiotas.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Año loco

Viernes 20. Diciembre, 2019.
Por primera vez en varias semanas llego "temprano" a casa.Tipo 19.00. Usualmente llego tipo 22.00
Han sido días, semanas, un mes o quizá dos bastante locos y ajetreados.

El 18 de octubre estalló Chile. Despertó el país; la gente despertó y ha sido hermoso verla exigir y luchar por sus derechos. Por supuesto he estado ahí, dando cara, aguante y manifestándome varias veces. Hoy eso sí, no me da la cabeza ni el corazón.

Fin de año siempre me toca la fibra, porque hago recuentos, repaso mi año, los anteriores, la vida. Porque siempre pasa algo que marca. Y esta vez no ha sido la excepción. Chile estalló y eso me ha dado fuerza y también me ha quebrado por la brutalidad de la realidad y la violencia del poder y las armas contra la gente, contra personas.

Pese a todo, hace unas semanas nos fuimos de vacaciones al norte con mis hermanos y por fin estuvimos varios días juntos, sin trabajo, sin estudio, sin (tantas) preocupaciones. Sólo faltó ver más a mi papá. Pero hubo amor, mucho amo y alegrías, porque se licenció el Jere <3 PAR FIN! Un logro desbloqueado.

Fuimos al norte, no sólo por la graduación, sino porque la sangre y la tierra tira. Porque los veranos en la playa casi vacía son una añoranza que había que cumplir; porque los cerros como dibujados son una necesidad. El norte es puro amor, al menos para mí; recarga energías con un sol que abraza y un viento que limpia todo lo malo. Fuimos porque es justo y necesario.

Volvimos a Santiago, trabajamos y viajamos de nuevo a ver a la familia. Esta vez hacia el sur, porque se casó la Claudia. Qué felicidad ver a su propia familia, qué heavy pensar que sus hijos tiene la edad de nosotras cuando nos conocimos, cuando comenzamos a jugar a las barbies juntas, a los doctoras que se gastaban todos los insumos de emergencia y a hacer rabiar a la Santa. Qué alegría ver a esta última mujer y sentirme "hija" un rato. Escuchar que "me criaron" y comentar anécdotas de años bonitos. Sentirme chiquita y refugiada.

Fue bonito, pero también un poco extraño. A magno evento no fue el enano y tampoco otro acompañante. Estuve medio solita, como es la tónica desde hace un rato, pero decidí que quiero cambiarla. Estos días, incluso más. Pero porque me sentí dolida. El martes descubrí que mi ex pololo se demoró menos de cinco meses en "reemplazarme" y sentí que el conchadesumadre tiró más de tres años de relación intensa por la borda y más de 17 años por la basura. Me sentí nada. Pero ya fue, y aunque me dolió (probablemente porque el duelo de esa relación se mezcló con el de mi partida de una pega y una pelea familia), ya fue.

TIEMPO DE CAMBIOS (PROFUNDOS)

Una semana antes del matrimonio, en el norte, mirando a los cerros y hablándole a mi mamá en nuestro lugar familiar dije que quería un cambio más profundo, más duradero. Obvio me refiero a tener una relación estable (y ojalá muy estable), sólida y para avanzar. Fue un gran paso incluso aceptarlo, porque siempre lo he negado. De hecho, hasta hace poco jamás me imaginé un futuro acompañada, pero la verdad es que sí quiero esa vida, de apañe y seguridad, de construir juntos y ser equipo.

Menciono esto último porque antes creí haberlo hecho y al final me daba cuenta que no. Dos veces me han dicho que sienten que no avanzan a la par como "personas", que sienten que van detrás, midiendo logros que yo jamás le he exigido a ellos. Da igual. Espero esta vez se entienda que el camino es a la par.

No he sido muy de relaciones formales, quizá porque no sabía cómo hacerlo y ahora creo que ya tengo algo de experiencia. Sobre todo, creo hoy me conozco mucho más y me siento con la madurez para aceptar este paso. No sé qué venga, ni siquiera sé si alguien lo haga, ojalá que sí. Sin presiones, sólo con honestidad por delante, con la convicción y amor de construir juntos.

A ese cambio se suma que quiero concretar. En 2019 he estado preparando el terreno, casi sin darme cuenta. Ahorré y me propuse a dar el paso hacia comprar una vivienda. También saqué licencia de conducir, y ahora cuando quiera y pueda (porque falta el auto), puedo ir donde me plazca, porque tengo un permiso que me da mayor autonomía de movilidad :) Otro gran avance: volví a trotar y hacer deporte y por Dios qué felicidad. Con eso he regulado la ansiedad generalizada. Peso harto, probablemente más que nunca, pero me siento más liviana como persona. Me siento más confiada, más segura. A ratos me caigo, pero sigo en pie y cada vez mejor.

Comencé a escribir esto llorando y con la necesidad de "botar", liberar lo que me hacía sentir mal. Ahora termino contenta, porque me acabo de dar cuenta que sí he avanzado. Hay cambios profundos como persona; no soy la misma de hace un año y mucho menos la de hace un año y medio.

El 2020 es para concretar y el 2019 se comienza a cerrar de buena manera. Tengo miedo constante a que todo cambie, porque me cuesta recomenzar, pero también tengo la fe en que todo va a estar muy bien, porque así lo voy a construir.

:)

martes, 28 de agosto de 2018

Me caí, ¿o me botaron? En pocos meses la vida se me fue a la mierda. Mi güeli me maldijo días antes de morir. Mi relación con don pololo se fue a la cresta. Viajé, descansé, seguí, le di. Pero se acabó igual. Pasé mi cumpleaños sola y luego drama monumental. Mi Nina no me habla y yo tampoco le pienso hablar por ahora. Si se trata de adultez, ella me lleva la delantera.
Hace dos meses me fui del diario. Me pesa, me duele. Hace un mes tengo otra pega, mejor pagada, más relajada y hasta glamorosa. Me carga. Me pesa y me duele. Me incomoda, me angustia; me mata a diario.
Pasa que en el diario estaba siendo feliz, lo estaba pasando bien. Ganaba pésimo y así no podía seguir, porque mi pega valía, y vale. Pero yo seguía aguantando, esperando los tiempos de bonanza, o al menos mejores. Me los prometieron, o al menos intentarlo. No pasó.
Fui a trabajar un día con intenciones de irme temprano, con mi tema casi listo y trabajando en los de las semana siguiente. Pero extinguieron mi sección, desarmaron el equipo -no es que estuviese tan cohesionado, pero era equipo- y me dieron un ultimatud, una encerrona que sabían iba a tomar: irme o quedarme en algo que no me encantaba y por las mismas chauchas.
Hoy me pesa. Ese día también me pesó y harto. Me pesa porque no trabajaba mal, porque me gustaba, porque disfrutaba mi pega. Porque para mí cada entrevista cada persona, era conocer un mundo nuevo, aprender de alguien nuevo y contar parte, aunque fuese cortito, de su historia, sus metas, sus sueños. Porque de eso escribía yo, de sueños. De gente que trabajaba por ellos y sí, hacía negocio, pero a su manera, usualmente conscientes, sustentables...
Me pesa no tener el respaldo de un medio, puede ser. De lo que estoy segura es que me pesa no hacer lo que me gusta, no disfrutar mi trabajo, no amar lo que hago; no crecer. Me pesa la angustia y no saber ni poder salir de ella. Saber que puede ser pasajera, y dos segundos más tarde darme cuenta que no, que no es pasajera, que yo sé que no es pasajera, porque no me gusta, me mata por dentro.
Me duele verme al espejo quebrantada por dentro, reflejando un semblante vacío, oscuro, deprimente. Me cuesta reconocerme, me carga hacerlo y encontrar esto.

Viajé, fui a casa, me senté con la piel al sol, sintiendo el viento y creí que sanaba, que cerraba una etapa y aunque a la fuerza, estaba bien, que era la vida la que me daba la oportunidad de parar, descansar y empezar de nuevo. Fue un placebo. Volví "renovada", seguí, le di, rechacé y acepté propuestas. Entré a un nuevo trabajo, y me carga.

Salgo, me embriago, la cago. Me pesa no recordar y más aún hacerlo.
Salgo con el perro, me olvido, se pasa. Vuelvo a casa, vuelvo a la pega y siento el peso de la rutina, de la frustración por no amar lo que hago, de no sentirme realizada.

Hace casi tres meses lloraba de felicidad en Disney World, por cumplir mis sueños, por amar mi vida, con todo, con presencias y ausencias, con caídas y levantadas, con cambios y todo. Por sentirme así de realizada, pese a todo. Hoy lloro, en mi casa, con un vacío en el alma, con angustia, porque todo se dio vuelta y aunque intento verle lo bueno, no me da. No me sale. Y me duele más.

Sentimientos encontrados

Mami,

¿cómo estás? Hoy no saludé de inmediato -a tu foto- al llegar. Estaban cansada, cargada de bolsos y cuando llegué la Caro tenía un rostro de tres metros.
Ha sido una semana compleja, de mucho sentimiento, tanto que ya no sé si diferencio bien cada uno. Por ahora sé que me siento sola, enferma y que te extraño demasiado.

Siento y sé que tengo los dientes apretados, bruxismo día y noche. Me duele la garganta pese a que está envuelta en el pañuelo enorme, ese que era fuxia oscuro y verde, y pese a que he tomado té con miel, muchísima agua y gomitas de jengibre. Nada ha servido la verdad. Por ti, me niego al paracetamol; no quiero químicos en mi cuerpo.

Me siento sola, mamá. Las cosas en casa son difíciles... Cada uno lleva tu ausencia de manera distinta. La Caro suele andar cansada, no estoy segura de qué, su trabajo no es tan agotador, aunque el peso emocional y los quehaceres del hogar sí. El Jere no habla, no dice nada. Mi papá está lejos. Yo también estoy cansada. La relación con las compañeras ya no es tan mala, es más, es hasta soportable, mas me temo que mi persona perdona, pero no olvida y hay una espinita aún, que espero se pase luego. Ahora hay pololo, el mismo que el mejor amigo, ese que creo que me enviaste tú :), esta semana no ha sido la mejor para él y como otras veces, la que termina pagando soy yo.

Quiero un abrazo, un ánimo, un besito de mamá. Un regaloneo... un 'yapues hija, no se ponga así, si va a salir todo bien'.

Mañana defiendo la tesis y debería estar ansiosa y feliz, pero no siento nada de eso y la verdad me preocupa un poco. Siento que es un trámite y sí, lo es, porque hace rato que ya soy periodista, jajá. Pero a nadie le importa. Todos están ocupados, tú no estás aquí. Mi papi viene viajando y se va. Claudio vendrá y se pondrá a estudiar. La Caro trabajará, al Jere no le importa. La Karen hace rato que no nos pesca. No es que sea la gran cosa, ni siquiera para mí lo es, pero quisiera un ambiente más agradable, más feliz. No sé.

Ay mami, cuánto quisiera que estuvieses aquí. Estoy segura que tú serías la más feliz al verme y también la más orgullosa. Cómo quisiera recibir tu abrazo y tu beso... Mañana no sé cómo voy a reaccionar al ver a mis compañeras abrazando a sus mamás... Tu partida fue hace tan poco y yo siento que aún no lo supero. ¿Cómo voy a sentirme al verlas con sus mamás y yo sin poder volver a abrazar a la mía? ¿y mi papá y mis hermanos?... Le he pedido a mi nina y mis amigos que vayan para no sentirme tan sola, pero puede ir el mundo entero, y aun no sería ni será lo mismo u.u

sábado, 2 de enero de 2016

Trust

Enero 2 de 2016.
El día ha sido duro, el año comenzó así, el anterior empezó y terminó igual. Con dolor, quiebre y fin de una vida, el inicio de una nueva etapa.

Mi mamá agonizaba hasta que al cabo de unos días, en menos de una semana falleció. Fue duro, aún lo es. Lo que más me costó, recuerdo, fue apegarme a la idea que ya no podría abrazarla, ni escucharla -y me sigue costando-. A ratos olvido su voz y me duele, porque no quiero olvidarla. La mantengo en mi mente a cada segundo, y creo que lo haré siempre, igual que como extraño su abrazo, siempre. Y es que cuando estaba enferma, en la condición que fuese tenía su abrazo, incluso cuando agonizaba podía sentir sus mejillas, su pelo, su aroma a mamá. Desde hace casi un año no puedo.
Días como hoy me cuesta mucho más, porque extraño su apoyo, su apoyo físico, porque su amor incondicional y su protección la siento a diario.

Días como hoy siento que mi mamá me abrazaría muy fuerte y me conversaría hasta hacerme entrar en razón o simplemente me diría "paciencia".

Digo todo esto porque hoy me sentí decepcionada, dolida, enrabiada y sentí que cada minuto era peor que el anterior, mientras que a mi compañero no se le ocurría la mejor solución -que yo sí tenía en mi cabeza-, pero que no forzaría a que él la dijese. No voy a presionar, a eso me comprometí a mí misma.

Hoy sentí injusticia, pese a ver obrado bien. Sentí que hacía bien las cosas, pero no se me devolvió igual y aun así era yo quiero terminaba peor, y sentí que no lo merecía. Acepté disculpas, de verdad y corazón lo hice, lo sigo haciendo, Mas eso no quita el dolor de sentir que te han fallado.

Hoy sentí dolor. Sentí como se quebraba una parte dentro de mí, cómo se rompían en pequeños pedazos: la confianza, la entrega, un poquito el amor.

Me ha costado salir de este estado, lo reconozco. De verdad me dolió. Y extrañé muchísimo más a mi mamá y su abrazo. Aún me duele, me duele por el hecho, por la decepción y de quién vino, por la injusticia; son muchas emociones juntas.

Quiero sanar, quiero volver a confiar, arriesgar de nuevo y sé que mi mamá me apoyaría. Siento miedo, miedo a perder lo que hay, a que me hieran de nuevo, a que se vuelva un patrón.

Siento desesperanza, pero repito, quiero volver a confiar.