Viernes 20. Diciembre, 2019.
Por primera vez en varias semanas llego "temprano" a casa.Tipo 19.00. Usualmente llego tipo 22.00
Han sido días, semanas, un mes o quizá dos bastante locos y ajetreados.
El 18 de octubre estalló Chile. Despertó el país; la gente despertó y ha sido hermoso verla exigir y luchar por sus derechos. Por supuesto he estado ahí, dando cara, aguante y manifestándome varias veces. Hoy eso sí, no me da la cabeza ni el corazón.
Fin de año siempre me toca la fibra, porque hago recuentos, repaso mi año, los anteriores, la vida. Porque siempre pasa algo que marca. Y esta vez no ha sido la excepción. Chile estalló y eso me ha dado fuerza y también me ha quebrado por la brutalidad de la realidad y la violencia del poder y las armas contra la gente, contra personas.
Pese a todo, hace unas semanas nos fuimos de vacaciones al norte con mis hermanos y por fin estuvimos varios días juntos, sin trabajo, sin estudio, sin (tantas) preocupaciones. Sólo faltó ver más a mi papá. Pero hubo amor, mucho amo y alegrías, porque se licenció el Jere <3 PAR FIN! Un logro desbloqueado.
Fuimos al norte, no sólo por la graduación, sino porque la sangre y la tierra tira. Porque los veranos en la playa casi vacía son una añoranza que había que cumplir; porque los cerros como dibujados son una necesidad. El norte es puro amor, al menos para mí; recarga energías con un sol que abraza y un viento que limpia todo lo malo. Fuimos porque es justo y necesario.
Volvimos a Santiago, trabajamos y viajamos de nuevo a ver a la familia. Esta vez hacia el sur, porque se casó la Claudia. Qué felicidad ver a su propia familia, qué heavy pensar que sus hijos tiene la edad de nosotras cuando nos conocimos, cuando comenzamos a jugar a las barbies juntas, a los doctoras que se gastaban todos los insumos de emergencia y a hacer rabiar a la Santa. Qué alegría ver a esta última mujer y sentirme "hija" un rato. Escuchar que "me criaron" y comentar anécdotas de años bonitos. Sentirme chiquita y refugiada.
Fue bonito, pero también un poco extraño. A magno evento no fue el enano y tampoco otro acompañante. Estuve medio solita, como es la tónica desde hace un rato, pero decidí que quiero cambiarla. Estos días, incluso más. Pero porque me sentí dolida. El martes descubrí que mi ex pololo se demoró menos de cinco meses en "reemplazarme" y sentí que el conchadesumadre tiró más de tres años de relación intensa por la borda y más de 17 años por la basura. Me sentí nada. Pero ya fue, y aunque me dolió (probablemente porque el duelo de esa relación se mezcló con el de mi partida de una pega y una pelea familia), ya fue.
TIEMPO DE CAMBIOS (PROFUNDOS)
Una semana antes del matrimonio, en el norte, mirando a los cerros y hablándole a mi mamá en nuestro lugar familiar dije que quería un cambio más profundo, más duradero. Obvio me refiero a tener una relación estable (y ojalá muy estable), sólida y para avanzar. Fue un gran paso incluso aceptarlo, porque siempre lo he negado. De hecho, hasta hace poco jamás me imaginé un futuro acompañada, pero la verdad es que sí quiero esa vida, de apañe y seguridad, de construir juntos y ser equipo.
Menciono esto último porque antes creí haberlo hecho y al final me daba cuenta que no. Dos veces me han dicho que sienten que no avanzan a la par como "personas", que sienten que van detrás, midiendo logros que yo jamás le he exigido a ellos. Da igual. Espero esta vez se entienda que el camino es a la par.
No he sido muy de relaciones formales, quizá porque no sabía cómo hacerlo y ahora creo que ya tengo algo de experiencia. Sobre todo, creo hoy me conozco mucho más y me siento con la madurez para aceptar este paso. No sé qué venga, ni siquiera sé si alguien lo haga, ojalá que sí. Sin presiones, sólo con honestidad por delante, con la convicción y amor de construir juntos.
A ese cambio se suma que quiero concretar. En 2019 he estado preparando el terreno, casi sin darme cuenta. Ahorré y me propuse a dar el paso hacia comprar una vivienda. También saqué licencia de conducir, y ahora cuando quiera y pueda (porque falta el auto), puedo ir donde me plazca, porque tengo un permiso que me da mayor autonomía de movilidad :) Otro gran avance: volví a trotar y hacer deporte y por Dios qué felicidad. Con eso he regulado la ansiedad generalizada. Peso harto, probablemente más que nunca, pero me siento más liviana como persona. Me siento más confiada, más segura. A ratos me caigo, pero sigo en pie y cada vez mejor.
Comencé a escribir esto llorando y con la necesidad de "botar", liberar lo que me hacía sentir mal. Ahora termino contenta, porque me acabo de dar cuenta que sí he avanzado. Hay cambios profundos como persona; no soy la misma de hace un año y mucho menos la de hace un año y medio.
El 2020 es para concretar y el 2019 se comienza a cerrar de buena manera. Tengo miedo constante a que todo cambie, porque me cuesta recomenzar, pero también tengo la fe en que todo va a estar muy bien, porque así lo voy a construir.
:)
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