Para ella pasaba el tiempo en el reloj de su computador, la hora avanzaba, las palabras llegaban y no llegaban, se caían, volvían, no hablaban. A ratos más extensos esperaba que la relajación llegase por sí sola, mas de inmediato recordaba que el sistema nervioso no funcionaba así.
Le molestaba hablar en futuro, y en un momento se dio cuenta que también en pasado. Se daba cuenta que siempre, todo, es un mero intento entre el "aba" y el "rá", muchas veces, la mayoría si lo miraba desde una perspectiva pesimista, fallidos, tantos que ya ni sabía cuántos. Decir esto le recordaría que su memoria funcionaba de manera extraña, muchas veces no calculaba tiempo, pero sabía de momentos, los recordaba todos y cada uno, hasta los que no debía recordar. Su mente era de película, digna de "Efecto Mariposa", tantos recuerdos, tantos momentos, tanta confusión en tan solo una mente... Y como al personaje, no sabías si culparla o victimizarla, tenía ambos roles, igual que el otro actor, el que, si nos remontamos a una especie de obra, actuaba con ella, el co-protagonista. Era extraño y de él se sabía menos, mucho menos a decir verdad. Creo que el fallo de ella, fue intentar comprenderlo, ponerse en sus zapatos, ver demasiado su lado, a fin de cuentas no fue provechoso, o al menos así lo vio ella.
Habían momentos en que ella no daba más de la confusión y sólo quería hablar con alguien, llorar en un hombro que le diera consuelo y para ello tenía dos opciones y una no estaba y la otra dormía. Luego se refugiaba en la literatura, a veces leía, otras escribía, hacía rimas y que ni le pedían, pero no lograba sonreír. Creía que tardaría tiempo en que las aguas se calmasen, que los personajes hablaran otra vez, que hubiesen reales y buenas intenciones. Al mirarla sabías de inmediato que algo le pasaba, sus ojos no mentían, aunque intentaba camuflarse en el ambiente, las risas, la noche, el día, el sol, la luna, recuerdos y gente que no se veía. Ella tampoco se veía, no como la conocían la mayoría, no sonriendo, sus ojos bajaban, se hundían, brillaban opacos en su rostro de arcilla. A menudo le decían que se veía distinta, que había crecido, y ella también lo pensaba, le agradaba el cambio, pues ya no era una niña, tampoco un mujer, estaba en el periodo de transición, lo que no le gustaba mucho y, en realidad le apenaba bastante, era cómo debió asumir ese cambio, cómo cambió su rostro, a base de llantos, preocupación, sueño, insomnio, silencios, pero al final, ella sabía que las cosas, así llamaba a las situaciones a veces, tenían un motivo, y ese debía llevarla a algo, o sea, otra situación, mejor. Ese era su consuelo, no obstante, sentía que debía llorar, lo necesitaba, pues se reía fuerte, y lo era, pero eso pertenece a la lucha entre el "aba" y el "rá".