miércoles, 18 de septiembre de 2013

CÁNCER

El cáncer es una enfermedad de mierda. Sé que muchas veces lo han dicho en todas partes, sin embargo, vivirlo es otra cosa. Yo no tengo cáncer directamente, pero lo vivo a diario con mi mamá y es definitivamente la enfermedad más de mierda cuando se une con la depresión. 

A veces el cuerpo sufre y la mente aguante, pero cuando ambos están mal, no hay pronóstico seguro, todo se vuelve un incierto, un vayven de emociones, una bi-polaridad de mejorías y bajas... Ya no sabes qué hacer. Te enojas con todos, con nada, porque el enojo y rabia no es con mi mamá, es con su mente, con su cuerpo enfermo, con esas dos putas enfermedades que no te dejan vivir en paz.

A ratos pierdes las ganas de ayudar, te cansas de las caras largas, de las pocas ganas de querer salir adelante que tiene el otro; a ratos, cuando la mente mejora y la depresión se va, el cuerpo ya no quiere responder, ya no quiere caminar, tampoco se quiere estabilizar y rompes en llanto, a escondidas, detrás de un enojo con nadie, al viento; piola.

Si de algo estoy segura es que no debo ser la única que así se sienta, porque cada día crece más el número de personas con cáncer, el otro resto tiene depresión y esta última es como un cáncer social, un cáncer mental y emocional, la más clara muestra de una sociedad enferma.

Todos los días despierto con ganas de hacer cosas por mejorar, demostrar que las pequeñas acciones ayudan, que en esta vida no todo es egoísmo, pero se pierden rápido esas ganas cuando no hay respuesta, cuando cada día es igual y ya no quieres más, sólo dormir hasta tarde, despertar y que todo se haya solucionado, que todo esté bien...

No es que cada día sea peor y sienta yo ahora depresión, es que a ratos de verdad siento que llueve sobre mojado y quiero que todo esto se solucione rápido, pero la realidad ha de buena mirada desde lo ojos de la Fe, pero tarda. Supongo que será mejor ir 'despacito por las piedras', porque este camino se ha visto lleno de montañas e interminables horas de caminata y escalada.

A ratos quiero explotar, explotar muy fuerte, pero no soy capaz de ver de nuevo llorar a mis hermanos, a mi papá; ver quebrantarse a quien es pilar e imagen de fortaleza es sinónimo de caídas y ya no hay tiempo ni fuerzas para más de ellas. Ahora sólo queda esperar, vivir la rutina y aprender a decidir. Estoy cansada y lo más triste es que se nota.