Hace meses, los días pasaban sin noches y las horas se contaban de a veinte, pero todo pasa la cuenta, y hace una semana, la hora 26 ya era mucho. Hoy son las 2815 y ni rastro de sueño, ni cansancio. Sólo dolor craneal, cuepo tenso en relajo y nostalgia de un "¿Cómo dices tú que era yo?".
Son las 2816 y nada me importa, aunque la vida debe seguir, ya no es la misma vida, hoy recerdo solita que debo revisar la loza al lavarla, que no quede espuma, que al tocar el perro o algún lugar donde este haya estado, debo lavarme las manos, que los dientes se pueden lavar cronométricamente , de ariba a abajo y por cinco minutos.
Creo que hoy, en meses, es el primer bue nas noches que no está, la primera vez que mis teléfonos no suenan ni llamo a nadie. Hoy sólo pienso, siento, escucho y observo. Ansío, aunque de forma relajada, llegar a mi casa, la que fue hogar cuando niña-adolescente. Ubicada en una esquina, con la vista privilegiada y con momentos que, me guste o no, sólo ella puede gardar. Quiero ir, dormir, sentirme acogida, en abrigo y en casa, más ya no es ese mi lugar.
Quizá mi lugar sea en los cerros, trotando, caminando, saltando, observando y disfrutando el cielo que se pierde en los cerros o los cerros que se pierden en el cielo de Atacama. Como sea, ese lugar que me llena de recuerdos y que tiene el don de llevar y traer memorias, lo espero a él, como no sé si él a mí. Yo creo en la reciprocidad, aunque estoy un tanto decepsionada.
Apesar de todo el dolor craneal, me mente no deja de pedir a M. García que bien dijo, "acrobacia en verde fuego desde el día en que te vi". así como los ojos más maravillosos que en mi vida me he podido adentrar, esos que eran un mundo bajo el mar, un mundo Zubmarino Verde Fuego.
Hoy respeto las decisiones que aquel fuego bajo el mar tomó, y las respeto porque las merece, por todas aquellas veces que insolente y desesperadamente llamé por teléfono y con mi corazón en la mano sentí perder. A ese respeto, le doy las gracias por enseñármelo, por juntos vivir siendo uno, y cada uno, una mitad. Por enseñarme lo que es amar y aprender en equipo que se hace uno, como un 'unidos' que son dos en uno,
Gracias por cada palabra, mirada, sonrisas, por cada momento en un pasto, una banca, por todas esas frías noches que logramos JUNTOS abrigar, por todas esas películas que vimos y las que nos faltaron ver. Por tanto trasnoche y canción, por esa presencia que siento aunque no quiera estar. Gracias por enseñarme y hacerme sentir lo maravilloso e inexplicable de la vida, que todo involucra y con melancolía pero con mucho amor, pude vivir, gracias a ti, Verde Fuego en tus ojos, donde hacía acrobacias desde que te vi.
Hoy respeto las decisiones que aquel fuego bajo el mar tomó, y las respeto porque las merece, por todas aquellas veces que insolente y desesperadamente llamé por teléfono y con mi corazón en la mano sentí perder. A ese respeto, le doy las gracias por enseñármelo, por juntos vivir siendo uno, y cada uno, una mitad. Por enseñarme lo que es amar y aprender en equipo que se hace uno, como un 'unidos' que son dos en uno,
Gracias por cada palabra, mirada, sonrisas, por cada momento en un pasto, una banca, por todas esas frías noches que logramos JUNTOS abrigar, por todas esas películas que vimos y las que nos faltaron ver. Por tanto trasnoche y canción, por esa presencia que siento aunque no quiera estar. Gracias por enseñarme y hacerme sentir lo maravilloso e inexplicable de la vida, que todo involucra y con melancolía pero con mucho amor, pude vivir, gracias a ti, Verde Fuego en tus ojos, donde hacía acrobacias desde que te vi.
