Dele play y escúchela mientras lee, que de seguro le llega más.
Ha pasado un mes y cuatro días desde que no te puedo acariciar, que no puedo tocar tus manitos ni jugar a unir los lunares en tu mejilla izquierda; 35 días desde que no puedo peinarte ni decirte palito. Hace un poco más que ya no te veo retarme, enojada y con los dientes apretados.
Ay mamita, sabe Dios y debes saber tú allá arriba cuánto extraño que me aprietes los dientes. Para mí era un acto de puro amor, de cuidado y de sacarte de quicio, que dicho sea de paso, a mí me encantaba.
Estás presente en cada milésima de segundo, en todo y todos. No hay canción que no suene a ti, que me diga algo y yo te piense de inmediato.
En las noches me suele venir un poco más la tristeza, las ganas de jugar con tus lunares, de contarte mi día entero. Me dan tantas ganas de escuchar tu risa, de escuchar tus historias, y de mirarte. Mirar y apreciar esa paciencia casi infinita que tenías, te escucharnos y entendernos a todos al mismo tiempo y saber de qué hablábamos cada uno.
A ratos pienso qué va a pasar, cómo será el futuro más próximo y me da pena, no sé cómo vamos a enfrentar el cumpleaños del Jere, dentro de poco más de un mes. Solas la Caro y yo ¿qué vamos a hacer nosotras?, ¿cómo vamos a contener al nano? Ahí me doy cuenta que nos vas a faltar siempre, y que si bien hay que aprender a vivir sin ti, en momentos como esos no dan ni ganas.
Pienso en el nano y se me nubla la mente, ¿cómo va a enfrentar las celebraciones del día de la madre y las conversaciones eternas que se tiene de él?, y navidad, año nuevo, tu aniversario de matrimonio con mi papá... El mundo se viene encima.
A ratos pinto mandalas como terapia para aliviar la mente de tanto pensamiento. A lo menos pinto uno al día de lunes a viernes. Los sábados y domingos procuro estar con mis hermanos, con mi papá, con Claudio que viene seguido. Todo eso me ha hecho bien, pero no puedo pintar círculos toda la vida. Además, tampoco los alivia a ellos. ¿Qué hacemos entonces?
Vuelvo al círculo, a la canción, a la foto. Creo que ya no me la puedo sola, no tanto por mí, sino por ellos. Cómo hago que no les duela tanto, que puedan vivir sin pena, sin rencor, sin dolor. Cómo hago y me aseguro que vivan sin problemas por todo esto, sin trancas.
Te echo tanto de menos.
Una canción que escucho hace rato dice -entre muchas otras cosas que también te traen a mi mente, o más bien, no te sacan- "hoy quiero un minuto más de ti".
Descansa de espíritu, pero por favor no nos dejes solitos.
Te amo.