Mamita hermosa, no imaginas cómo te extraño así, como acá...
Una vez me dijeron que los textos deben comenzar usando artículos, por un tema de norma, se supone, hasta el día de hoy yo no sé si es o no cierto, porque nunca me he detenido a buscarlo, aunque sé que suena y se lee mejor.
Hoy yo no quería ponerle artículo al comienzo de mi entrada, quería escribir en seco, porque un artículo es como una preparación, una especie de anestesia previa al dolor, algo así como para suavizar y alivianar el dolor, pero en la vida real las cosas pasan y no siempre hay anestesia, y si la hay, no dura ocho meses.
Cuando mi mamá se enfermó y la diagnosticaron de cáncer no fue duro, porque había fe y conocimientos médicos de por medio, claro, entre la religión, la fe y la ciencia nada podía salir mal. Efectivamente, casi nada salió mal. Casi, porque hubo complicaciones y porque cada día parecieran ser más.
Todos los días supongo que yo soy muy histérica, muy colorienta, que realmente no todo es tan complicado, pero a medida que pasa el día, los días y han pasado casi ocho meses, me doy cuenta que día a día vivo un poco más en el mundo real, ese que está lleno de lágrimas, de miseria, de dolor y de injusticia.
Hay veces en que me quejo de la situación, me enojo con mi mamá, alerto a mi familia, me enojo conmigo, con todos, con Dios. Falta y sobra gente a quien culpar. Realmente no sé si alguno de verdad tiene la culpa, incluso, creo cada día más feascientemente que yo tengo la culpa de arruinar momentos a diario, porque tengo rabia y tengo pena.
Puede sonar ilógico, pero llega en un momento en que la cabeza ya no entiende nada, y para mí, un ser que se cree racional, que antepone la cabeza a cualquier situación, no se entiende, y sí, me enojo con quie está enfermo y débil, y le hablo enojada, le hablo fuerte, la reto, me opongo a ella porque sí, porque la extraño, porque quiero a mi mamá y ya no la veo en ella.
Me opongo a un cuerpo y una mente que aparentan ser mi progenitora, criadora, quien me dio la vida y quien cuidó de ella por años, sí, a ella me opongo, porque veo a alguien que está ahí en cuerpo, con 30 kilos menos y restando cada día, con un rostro cansado, con un pelo corto que no crece, con unas manos cansadas y temblorosas... Ella no es mi mamá. Ese cuerpo, esa mente no son ella. Ese cuerpo huye de los problemas, de las molestias de su al rededor, de los malos ratos y se los entrega a otros, se desliga, no afronta porque no quiere y así lo asume.
Mi mamá de antes, la mujer sana, gorda y frontal, pesada, gritona y odiosa, con poca fuerza de voluntad ante la dieta y el ejercicio, esa mujer era fuerte, se hacía cargo, tanto, tanto, que la mente le pasó la cuenta y el cuerpo ya no pudo más. Esa mujer se enfermó y se fue, y yo la extraño y por Dios, por mi vida que la extraño.
Yo extraño a mi mamá, porque quiero seguir siendo hija, porque aunque suene egoísta, ese era y debería ser mi lugar aún, porque yo quiero que mi mamá me rete, me cuide, me hable desde su rol de mamá y de mujer, que me hable desde la experiencia y me hable por infinitas horas.
Yo quiero a mi mamá trabajólica en descanso, esa que llegaba los viernes en la tarde a ver películas en casa, que era feliz con una taza de té y con una porción de helado, con jeans viejos, gastados, que cuidaba a su Dulce, la peinaba, que nos regaloneaba. Hoy quiero de vuelta a esa mamá que al dejar de trabajar me iba a buscar al trabajo cuando yo quise trabajar, que cuando llovía y granizaba ella me esperaba afuera del trabajo para no andar en micro dos horas, y al llegar a casa se sentaba a tomar una, dos o más tazas de té conmigo, que me hacía sopaipillas en invierno...
Con mis hermanos y mi papá tenía otras actitudes, con cada uno era especial y hoy la extraño y por la chucha que la extraño. Son casi ocho meses desde que esa mamá se fue para dar paso a una nueva, una mamá frágil, de clínica, de cables, de dolores intensidad 10, de rondas médicas dos veces al día, de días y semanas de estar en cama, dada día más delgada, más pálida, más de cristal.
Es hora de cuidarla y ha sido complejo, porque una mamá no se reemplaza y yo siento que a la mía la reemplazaron y no me gusta, porque por más cuidados que tenga, por más empeño que le ponga, no veo mejoras, no veo un kilo más en la pesa, aunque tampoco veo tumores, pero tampoco veo defensas altas, no dejo de ver temblores en su cuerpo, falta de apetito, de ánimo; la sigo viendo en cama, a veces levantada y haciendo cosas, a veces que no da más de cansancio, de dolor.
No sé qué hacer, mi cabeza y mi racionalidad ya sólo actúan con frialdad, a ratos me entiendo, a ratos me detesto por ser tan antipática, es mi mamá. No sé qué hacer. Admito que hasta la Fe decae a veces, y harto. Quiero actuar bien, pero no sé cómo, porque el cuerpo, mi cuerpo, mi cabeza también se cansaron y pese a ello, todos los días hay que seguir y seguir y seguir...
No quiero seguir dañando a mi mamá, ni a mi familia ni a nadie, porque también admito que con la cabeza tan cansada y con el corazón tan hecho mierda, he actuado mal con más gente y en más aspectos de la vida, mi vida.
No quiero que me pregunten qué me pasa, si están leyendo esto ya saben porqué. No quiero hablar del tema porque estallo en llanto, me da pena, me da rabia, no hablo, evito el tema, evito todo. Me he vuelto idiota, los ojos ya no sonríen tanto, estás medios caídos, el pelo como antes se comenzó a caer otra vez. Ahora, mi nuevo tic es el ojo, tirita. No quiero hablar del tema, con nadie, me da pena y me da rabia otra vez. A quién culpo, con quién me quejo. Al viento, al blog.
Mi dedicatoria es al cáncer, al de páncreas, ese silencioso que atacó a mi mamá hace meses y no nos dimos cuenta hasta que se ramificó, y también es para la depresión, la cual yo denomino cáncer mental. Los dos son asquerosos por igual y juntos, aunque me cueste admitirlo, han de ser fatales en algún momento, y aunque me produce una contradicción, espero que juntos al menos se hagan largos en su resultado.
Cáncer, eres lo peor que en la vida puede ocurrir, porque por ti se va la vida y se va lento, que es lo peor. La agonía es más larga, la pena es más honda, la desesperación es mayor y cada día siento que mi mamá se me va un poquito más y de la peor forma.