
Me cuesta tanto olvidarte? No, lo que realmente me cuesta es recordar que hasta el momento la felicidad no dura mucho y menos en estas fechas, cuesta recordar que es fin de año y una vez más, otro año se suma a esta torre, esta cadena que no acaba y tampoco se rompe, cuesta recordar que en esta burbuja todos desaparecen incluso la felicidad que llega sin querer, sí, esa felicidad que llega sin menor aviso y se queda a disfrutar y reír por un tiempo, para después anunciar su ida y dejar un espacio vacío en ese lugar que tanto gozó su estadía, que al comienzo no comprendía porque su llegada, porque su estadía, pero que sin lugar a dudas la disfrutó de una manera increíble, corta, tranquila, tierna, a oscuras, y muy pero muy corta.
Cuesta recordar que en esta fecha todos se van, y la verdad es que junto con recordar, cuesta asimilar todo esto, cuesta tomarle el peso a esta ida del mini mundo para alejarse hacia el mundo real que según dicen sí es mejor que este pequeño que nos acoge a diario.
Cuesta encontrar firmeza y estabilidad en este tiempo, en este fin de tiempo, fin de año, fin de todo, porque eso es, fin de todo, lo que comenzó incluso hoy se acaba y termina con este fin, con este tan anhelado, esperado y a la vez odiado y desplasante fin. Este que llega y se va, tan rápido, tan fugaz, tan fin. Así tal cual, este fin que acaba con esta historia, con mi historia, con tu historia, con nuestra historia.
No siento nada. Como quisiera decir eso para no tener que estar así, sintiendo de una manera increíble que se cree no da para más, sin embargo se sabe da para mucho más. Aunque se crea que no, así es, se mantiene durante el tiempo y como cuesta recordar y asimilar seguirá siendo así. Predecir es poco seguro, la verdad bastante incierto, pero que se puede decir cuando la historia se repite una y otra vez y desgraciadamente no para, se repite sin cesar cada año, cada fin de año, cada día que pasa en este mes de tanto ensueño como de pesadilla, de tanto anhelo y desplazo, de tanto fin.
Y ese violín, teclado, ese dulce sonido provoca ya una sensación extraña, esas palabras que describen en cierta parte esa sensación que se quiere pero no logra ser una lágrima, que si se piensa lo será, que si se cierra los ojos, se piensa un poco o tal vez, al contrario, se deja de pensar caerá y se botará un poco de ese líquido que solemos botar cuando la situación lo amerita, el momento lo acompaña y el ser no lo aguanta más. Por Dios, ese violín como suena, como me atrapa, como me describe, y a la situación, momento, actual y pasada, a esa razón que ya ni se cree es una, que ya se hartó de serlo pero que es su naturaleza serla y por lo tanto no lo dejará de ser.
Palabras descriptivas que suenan bien, le dan el toque de lindura a este sonido tan dulce, a esta razón, a este tiempo, a esta cadena, este fin.
No cuesta mucho hacer esto, dejar fluir los pensamientos y plasmarlos para no olvidarlos, para ver si de una vez por todas se logra recordar que tiempo es, tiempo de fin. Pensamientos, sentimientos.. que diferencia hay, si al fin y al cabo el corazón sólo bombea sangre y me mantiene viva, son los pensamientos los que me inquietan y hacen a mi cerebro pensante revolucionar al corazón, acelerándolo y haciendo creer, que este, como si fuese inteligente y tuviese vida propia alterara mi ritmo de diario vivir. Soy yo quien piensa, quien es influenciada por el entorno, por las personas de ese entrono, uf, esas personas vaya como influencian, si no es acaso por ellas que pensamos, que crean algo que deja dando vueltas a nuestro cerebro pensante, que de tanto pensar se vuelve loco y comparte un poco de locura con su amigo y aliado corazón, con quien tiene una amistad tan cercana que este también se altera y al ser amigo de tantas otras partes de nuestro cuerpo transmite toda la euforia que nuestro cerebro vive, dejando en nosotros esta sensación extraña que tanto nos cuesta asumir y que de a poco se acostumbra y que, debido a la costumbre se extraña y provoca nuevas sensaciones en nuestro cerebro, la duda está en si realmente provoca una nueva sensación o simplemente vuelve a la que tenía antes de llegar todo este pensamiento fugaz que da vueltas y vueltas hasta conseguir alterar nuestro ser.
Cerebro pensante, corazón amistoso, cuerpo alterado, ser increíble. Los violines acaban y la sensación continúa, las palabras siguen y el sonido vuelve otra vez. Vuelve a parar y ya no suena más. Es a ratos necesario un momento de silencio, un momento que se piense o deje de pensar de manera tranquila, de manera fresca, con cabello al viento y brisa en la cara, sin usar tanta sutileza ni finas palabras, que al fin y al cabo no son necesarias para nuestro vivir, son sólo un adorno descriptivo de nuestro sentir pensante o pensante sentir? El silencio habla por sí solo y aclara más que esos adornos descriptivos que al cumplir su función tan clara y tan precisa más confunden al cerebro pensante de lo que lo ayudan a aclarar la situación dejando en problemas de incertidumbre indecisa, de dudas crecientes, de pensamientos flotantes, de tortugas turísticas.
Razones que ya ni se saben son o no, su naturaleza dice sí, su ser dice no sé, su ideal dice no y al fin del embrollo tampoco se sabe si importan o no, qué más da una razón más, una razón menos si a fin de cuentas o se olvida y parte de cero o se olvida y desaparece de lleno y total, mortalizando lo que sí y lo que no, detalles que estarán siempre presentes en este cotidiano vivir que no para y no lo hará hasta que nuestro libro se acabe y no queden más hojas por escribir. Una razón más, una razón menos en los detalles del cotidiano vivir. Alto, son los detalles los que marcan la diferencia.
La diferencia, marquémosla entonces y a los detalles tengámoslos en cuenta y que las razones no condicionen, que sean una ayuda, no imprecindible, pero que dé el toque de especialidad a todo esto. Uf, si todo tuviese su toque, más bien, todo tiene su toque, todo tiene su algo que lo hace especial, basta mirar cerrando los ojos y escuchar sufriendo sordera, no cuesta demasiado, pero se debe hacer, no, se da en el momento indicado, y eso, según lo creo, lo damos cada uno, sí, pues el libro del destino, de nuestro destino lo escribimos nosotros, influenciados y ayudados por el entorno y sus personas, pero somos nosotros quienes lo escribimos; si de libros se trata, que el nuestro tenga muchos capítulos o bien tenga una sola historia que se mezcle, que no tenga mucho orden, con tal de cada uno entender todo estará bien, si bien el libro no tiene orden ni tampoco se entiende no hay que desesperar pues suele pasar que primero escribimos sin ideas claras ni pensamientos premeditados y luego le damos el orden tal como se le da a un rio el cauce.
1 comentario:
tremenda entrada xD! ni te inspiraste! ja! me lei todo! esta genial tu blog segire pasando ;)
ke estes bien
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